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sábado, 28 de diciembre de 2013

José Hernández (10/11/1834 - 21/10/1886)






Nació el 10 de noviembre de 1834 en los caseríos de Perdriel, en la Chacra de su Tío Don Juan Martín de Pueyrredón, durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas. 

Educado en el Liceo de San Telmo, en 1846 fue llevado por su padre al sur de la provincia de Buenos Aires, donde se familiarizó con las faenas rurales y las costumbres del gaucho. Una enfermedad de la adolescencia le obligó a vivir en las pampas, donde entró en contacto con el estilo de vida de los gauchos. 

Autodidacta que gracias a sus numerosas lecturas definió sus ideas políticas. De 1852 a 1872, defendió que las provincias no debían permanecer ligadas a las autoridades centrales, establecidas en Buenos Aires. José Hernández tomó parte en la última rebelión gaucha, la de López Jordán, que finalizó en 1871 con la derrota de los gauchos y su exilio. A su regreso en 1874, fundó el periódico Revista del Río de la Plata, en el que defendió posturas federalistas. 

Fue diputado provincial y en 1880, siendo presidente de la Cámara de Diputados, defendió el proyecto de federalización, por el cual Buenos Aires pasó a ser la capital del país. En 1881 escribió Instrucción del estanciero y fue elegido senador provincial, cargo para el cual fue reelecto hasta 1885. 

José Hernández consiguió un gran eco para sus propuestas con su poesía. El gaucho Martín Fierro (1872), un poema épico popular, está considerado como una de las grandes obras de la literatura argentina. Martín Fierro narra su vida, retratando la sencillez rural, la independencia y la paz de su espíritu. El poema arranca con la felicidad de su vida familiar, hasta que es obligado a alistarse en el ejército, su rebelión y su consiguiente deserción. A su regreso, descubre que su casa ha sido destruida y su familia se ha marchado, y la desesperación le empuja a unirse a los indios y convertirse en un hombre fuera de la ley. En la secuela del poema, La vuelta de Martín Fierro (1879), se reúne por fin con sus hijos. En el gaucho, descubrió la encarnación del coraje y la integridad inherentes a una vida independiente. 

José Hernández falleció el 21 de octubre de 1886 en su quinta de Belgrano. 


Obras

1863 — Vida del Chacho
1867 — Los treinta y tres orientales
1872 — El Gaucho Martín Fierro
1879 — La vuelta de Martín Fierro
1881 — Instrucción del Estanciero


MARTIN FIERRO

PRIMERA PARTE 


Aquí me pongo a cantar
Al compás de la vigüela,
Que al hombre que lo desvela
Una pena estrordinaria,
Como la ave solitaria
Con el cantar se consuela.

Pido a los Santos del Cielo
Que ayuden mi pensamiento ­
Les pido en este momento
Que voy a cantar mi historia
Me refresquen la memoria
Y aclaren mi entendimiento.

Vengan Santos milagrosos,
Vengan todos en mi ayuda,
Que la lengua se me añuda
Y se me turba la vista ­
Pido a mi Dios que me asista
En una ocasión tan ruda.

Yo he visto muchos cantores,
Con famas bien otenidas,
Y que después de alquiridas
No las quieren sustentar ­
Parece que sin largar
Se cansaron en partidas.

Mas ande otro criollo pasa
Martín Fierro ha de pasar ­
Nada lo hace recular
Ni las fantasmas lo espantan ­
Y dende que todos cantan
Yo también quiero cantar.

Cantando me he de morir,
Cantando me han de enterrar,
Y cantando he de llegar
Al pié del Eterno Padre ­
Dende el vientre de mi madre
Vine a este mundo a cantar.

Que no se trabe mi lengua
Ni me falte la palabra ­
El cantar mi gloria labra,
Y porniéndome a cantar,
Cantando me han de encontrar
Aunque la tierra se abra.

Me siento en el plan de un bajo
A cantar un argumento ­
Como si soplara un viento
Hago tiritar los pastos ­
Con oros, copas y bastos
Juega allí mi pensamiento.

Yo no soy cantor letrao,
Mas si me pongo a cantar
No tengo cuando acabar
Y me envejezco cantando ­
Las coplas me van brotando
Como agua de manantial.

Con la guitarra en la mano
Ni las moscas se me arriman ­
Naides me pone el pié encima,
Y cuando el pecho se entona,
Hago gemir a la prima
Y llorar a la bordona.



martes, 29 de octubre de 2013

Remedios de Escalada de San Martín










Remedios de Escalada de San Martín - Por Enrique Yaben


Nació en Buenos Aires el 20 de noviembre de 1797, siendo sus padres D. José Antonio de Escalada, rico comerciante, canciller de la Real Audiencia de 1810, y doña Tomasa de la Quinta Aoiz Riglos y Larrazábal. Esta ilustre familia -ha dicho un historiador- se caracterizó siempre en la colonia y en la república, por el mérito de sus varones y el boato representativo de sus mujeres. Se recuerda entre las familias porteñas el empleador de las veladas y fiestas con que estos señores Escalada mantenían el prestigio de su elevada posición.

Remedios, esposa del general San Martín más tarde, era de una delicadeza exquisita. Su elevado sentido de la dignidad y sus patrióticas virtudes envuelven su recuerdo en un aroma agradable, ocupando un lugar destacado entre las damas de la época, por haber sido la que primero tuvo el noble y patriótico gesto de desprenderse de sus sortijas y aderezos para contribuir a la formación de las huestes patriotas.

Remedios tenia 14 años cuando arribó a nuestras playas el Teniente Coronel de caballería D. José de San Martín, grado adquirido en una interminable serie de combates, ora en la madre patria contra el extranjero invasor, ora en África, guerreando contra la morisca audaz y bravía.

Al llegar a su patria, ofreció su brazo y su espada a la causa emancipadora, y el gobierno de las Provincias Unidas se apresuró a aceptar tan patriótico ofrecimiento, sin soñar acaso, que al hacerlo acababa de armar caballero de la causa americana al más decidido y esforzado paladín, que debía escribir largas páginas brillantes, rebosantes de gloria y exuberantes de nobles ejemplos para las generaciones futuras. Desde el momento en que San Martín ofreció sus servicios al la causa de la independencia, la casa de la familia Escalada, que era un centro de patriotas de la Revolución, le abrió sus puertas y fue uno de los más asiduos concurrentes. Allí conoció a la niña que debía ser después su esposa. El futuro adalid, llegó pobre y sin relaciones, no trayendo más que una buena foja de servicios de España y el propósito de prestar leales y desinteresados servicios a su patria.

José Antonio de Escalada, con clara visión, entrevió en aquel arrogante militar a un general de nota y no tuvo inconvenientes en aceptar los galanteos a su hija, no obstante la diferencia de edad entre ambos, que llegaba casi a 20 años: "ella, niña, no muy alta, delgada y de poca salud; él de edad madura, estatura atlética, robusto y fuerte como un roble".

San Martín al vincularse a esa familia conquistaba posición y atraía a las filas del Escuadrón de Granaderos a Caballo, que estaba organizando, a una pléyade de oficiales, como sus hermanos políticos Manuel y Mariano y sus amigos, los Necochea, Manuel J. Soler, Pacheco, Lavalle, los Olazábal, los Olavarría y otros que llenaron después con su espada páginas admirables en la epopeya americana. Desde que San Martín conoció a Remedios, como él llamaba a su tierna compañera, se enamoró de ella y comenzó el idilio que terminaría en el matrimonio celebrado en forma muy íntima en la Catedral de Buenos Aires, el 12 de septiembre de 1812. Fueron sus testigos "entre otros -dice la partida original- el sargento mayor de Granaderos a Caballo D. Carlos de Alvear y su esposa doña Carmen Quintanilla.

No habían transcurrido tres meses de la fecha en que se celebró la boda, cuando el coronel San Martín recogía su primer laurel en los campos de San Lorenzo, donde, como es sabido, muy poco faltó para que doña Remedios quedase viuda. Desde este instante su talla militar adquiere contornos gigantescos y es el comienzo real de su vida pública que terminaría simultáneamente con los días de su esposa, once años después.

Cuando San Martín marchó a tomar el mando del Ejército del Norte, Remedios quedó en Buenos Aires. Fue en esa época cuando el ilustre soldado sintió los primeros síntomas del grave mal que debía alarmarlo en una gran parte de su agitada existencia, mal que lo obligó a trasladarse a la provincia de Córdoba, al establecimiento de campo de un amigo, reponiéndose algún tiempo después de sus dolencias. Cuando fue designado Gobernador Intendente de la provincia de Cuyo, su esposa lo acompañó en su estadía en Mendoza y apenas llegó ella a esta ciudad, la casa del General se transformó en alegre y hospitalaria, en un centro radioso de la sociedad mendocina, por obra de su exquisita cultura y el prestigio de su bondad y virtudes. A ella concurrían los oficiales y los jóvenes de la localidad que después se agregaron, Palma, Díaz, Correa de Sáa, los Zuloaga y Corvalán, que unidos a los primeros cruzaron la cordillera y formando parte de los vencedores, llegaron hasta la Ciudad de los Virreyes, en el paseo triunfal que realizaron a través de media América.

En el mes de enero de 1817, el Ejército de los Andes emprendió la colosal empresa que debía cubrirlo de laureles y su comandante en jefe dejó el hogar para no volver a él sino de paso, en los entreactos que le permitían sus victorias. Así continuó el andar del tiempo y en 1819, San Martín, que tenía su pensamiento aferrado a la idea de afianzar la independencia de su Patria atacando al enemigo en el centro de su poderío, el Perú, pidió a su esposa que regresara a casa de sus padres y así lo hizo "Remeditos", revelando que era tan tierna como obediente esposa. Ya tenía entonces a su pequeña Mercedes de San Martín, que sería más tarde esposa de D. Mariano Balcarce, única hija del matrimonio, la cual había nacido en Mendoza, en 1816. Acompañáronla en su viaje, su hermano, el Teniente Coronel Mariano de Escalada, y su sobrina Encarnación Demaría, que después fue señora de Lawson.

Remedios de Escalada de San Martín tras su traslado de Mendoza a Buenos Aires vivió en la casa de sus padres, y agravada la enfermedad que padecía, por consejo médico debió trasladarse a una quinta de los alrededores (actual Parque de los Patricios), de propiedad de su medio hermano Bernabé. Abatida y enferma, esperaba siempre la vuelta de su esposo, anunciada tantas veces. La muerte de su padre, acaecida el 16 de noviembre de 1821, agravó su malestar, justamente en los momentos en que el héroe renunciaba a los goces de la victoria y de las delicias del poder, después de la célebre entrevista de Guayaquil, y se retiraba para siempre de la escena política, cerrando su vida pública con un broche de oro, que deberá ser siempre profundamente comprendido por las generaciones futuras, porque su renunciamiento evitó la guerra civil en Sud América que habría destruido la obra emancipadora iniciada en mayo de 1810.

Profundamente atormentada por sus preocupaciones, que facilitaron el desarrollo del terrible mal en su delicado organismo, falleció en la quinta en que se radicó para combatir su enfermedad el 3 de agosto de 1823. San Martín se encontraba en Mendoza y en junio había escrito su última carta a D. Nicolás Rodríguez Peña, en que le decía que habíale llegado el aviso de que su mujer estaba moribunda, cosa que lo tenía de "muy mal humor", pero sus propios males le impidieron llegar a Buenos Aires para recibir de su esposa el postrer beso, antes de iniciar viaje sin retorno.

"Murió como una santa -refería su sobrina Trinidad Demaría de Almeida, que rodeó su lecho en los últimos instantes- pensando en San Martín, que no tardó en llegar algunos meses después, con amargura en el corazón y un desencanto y melancolía que no le abandonaron jamás". De regreso en Buenos Aires, el General San Martín -entre noviembre de 1823 y febrero de 1824- hizo construir un monumento en mármol, en el cementerio de la Recoleta, para depositar en él los restos de su Remeditos, en el que hizo grabar el siguiente epitafio: "AQUI YACE REMEDIOS DE ESCALADA, ESPOSA Y AMIGA DEL GENERAL SAN MARTIN"

Monumento que cubre los restos de la que "fue digna hija, virtuosa esposa, madre amantísima, patricia esclarecida y mujer merecedora del respeto general"

Remedios de Escalada de San Martín figuró en la Sociedad Patriótica, asistió al célebre "complot de los fusiles", en que las damas patricias se propusieron armarun contingente con su peculio particular, y tomó parte en todas las iniciativas promovidas por las mujeres de la época en pro del movimiento emancipador.

El documento que redactan aquellas nobles damas que se propusieron reforzar los contingentes que bregaban por afianzar la independencia nacional, con la famosa empresa llamada el "complot de los fusiles", terminaba con las palabras siguientes: "Yo armé el brazo de ese valiente que aseguró su gloria y nuestra libertad."

sábado, 26 de octubre de 2013

.Juana Azurduy












.Juana Azurduy de Padilla; Chuquisaca, 1780 -Jujuy, 1860

Heroína de la independencia del Alto Perú (actual Bolivia). Descendiente de una familia mestiza, quedó huérfana en edad muy temprana. Pasó los primeros años de su vida en un convento de monjas de su provincia natal, la cual fue sede de la Real Audiencia de Charcas.

En 1802 contrajo matrimonio con Manuel Ascencio Padilla, con quien tendría cinco hijos. Tras el estallido de la revolución independentista el 25 de mayo de 1809, Juana y su marido se unieron a los ejércitos populares, creados tras la destitución del virrey y al producirse el nombramiento de Juan Antonio Álvarez como gobernador del territorio. El caso de Juana no fue una excepción; muchas mujeres se incorporaban a la lucha en estos años.

Juana colaboró activamente con su marido para organizar el escuadrón que sería conocido como Los Leales, el cual debía unirse a las tropas enviadas desde Buenos Aires para liberar el Alto Perú. Durante el primer año de lucha, Juana se vio obligada a abandonar a sus hijos y entró en combate en numerosas ocasiones, ya que la reacción realista desde Perú no se hizo esperar. La Audiencia de Charcas quedó dividida en dos zonas, una controlada por la guerrilla y otra por los ejércitos leales al rey de España.

En 1810 se incorporó al ejército libertador de Manuel Belgrano, que quedó muy impresionado por el valor en combate de Juana; en reconocimiento a su labor, Belgrano llegó a entregarle su propia espada. Juana y su esposo participaron en la defensa de Tarabuco, La Laguna y Pomabamba.

Mención especial merece la intervención de Juana en la región de Villar, en el verano de 1816. Su marido tuvo que partir hacia la zona del Chaco y dejó a cargo de su esposa esa región estratégica, conocida también en la época como Hacienda de Villar. Dicha zona fue objeto de los ataques realistas, pero Juana organizó la defensa del territorio y, en una audaz incursión, arrebató ella misma la bandera del regimiento al jefe de las fuerzas enemigas y dirigió la ocupación del Cerro de la Plata. Por esta acción y con los informes favorables de Belgrano, el gobierno de Buenos Aires, en agosto de 1816, decidió otorgar a Juana Azurduy el rango de teniente coronel de las milicias, las cuales eran la base del ejército independentista de la región.

Tras hacerse cargo el general José de San Martín de los ejércitos que pretendían liberar Perú, la estrategia de la guerra cambió. San Martín quería atacar Lima a través del Pacífico, por lo que era necesario, para poder desarrollar su estrategia, la liberación completa de Chile. Esta decisión dejó a la guerrilla del Alto Perú en condiciones muy precarias; Juana y su marido vivieron momentos extremadamente críticos, tanto que sus cuatro hijos mayores murieron de hambre.

jueves, 17 de octubre de 2013

23 de octubre de 1868: Muere a los 82 años Mariquita Sánchez de Thompson














No fue casualidad que Mariquita Sánchez de Thompson tuviera un protagonismo estelar en la vida política y social de la argentina del siglo XIX. Su verdadero nombre dice mucho al respecto: María de Todos los Santos Sánchez de Velazco y Trillo. Esta ostentosa denominación indicaba que Mariquita había nacido en uno de los hogares más prestigiosos de aquel entonces. Era la única hija de don Cecilio Sánchez de Velazco y de doña Magdalena Trillo y Cárdenas, viuda en primeras nupcias de un riquísimo y poderoso comerciante de Buenos Aires llamado Manuel del Arco, cuya fortuna heredará Mariquita.

Nacida el 1º de noviembre de 1786, en la época revolucionaria tenía unos impetuosos veintiséis años. Muchos encuentros de gran relevancia política para los independentistas se realizaban en su casa. Su padre solía realizar las tertulias, hasta su fallecimiento en 1804. La reanudación de los encuentros, que la tuvieron como anfitriona, tuvo un gran significado personal, pues lo hizo junto a su marido, su primo segundo Martín Thompson, con quien se había casado contra la férrea voluntad de su familia.

Junto a Thompson, con quien tuvo cinco hijos, participó activamente de los acontecimientos de aquellos años. En 1820, un año después de enviudar, Mariquita volvió a casarse, esta vez con un emigrante francés, Jean Baptiste Washington de Mendeville, quien se dedicó principalmente a la actividad comercial hasta 1828, cuando logró –gracias a las influencias de su mujer- presidir el consulado de Francia en Buenos Aires.

Pero Mariquita fue más que una influyente mujer. Integró la Sociedad de Beneficencia y luchó por la educación de la mujer. Era una gran lectora, estaba al corriente de cuanto acontecimiento sucediese, y fue una sagaz cronista. En carta a su segundo marido señalaba: “En el diario que he llevado he escrito mil ochocientas sesenta notas. Sin contar cartas particulares. Te puedes imaginar si es broma, a más cuarenta actas: esto es trabajo de cabeza y pluma”.

Así, esta mujer estuvo en boca de cuanto diplomático pisó suelo porteño. Con el correr de los años, Mariquita se había convertido en una verdadera embajadora rioplatense. Para ello, hizo valer el patrimonio heredado, pero también el que supo construir por sí misma. Falleció a los 82 años, el 23 de octubre de 1868.

martes, 15 de octubre de 2013

16 de Octubre de 1793 Fué Guillotinada Maria Antonieta de Austria.










Reseña Histótica.

María Antonieta

(Viena, 1755 - París, 1793) Reina de Francia. Hija de los emperadores de Austria, Francisco I y María Teresa, contrajo matrimonio en 1770 con el delfín de Francia, Luis, que subió al trono en 1774 con el nombre de Luis XVI. Mujer frívola y voluble, de gustos caros y rodeada de una camarilla intrigante, pronto se ganó fama de reaccionaria y despilfarradora. Ejerció una fuerte influencia política sobre su marido (al que nunca amó), ignoró la miseria del pueblo y, con su conducta licenciosa, contribuyó al descrédito de la monarquía en los años anteriores a la Revolución Francesa.

Pero quizá lo que más se recuerda de María Antonieta es su dramático final: detenida junto con el rey y otros nobles cuando trataban de huir de París, fue juzgada por el Tribunal Revolucionario y condenada a morir en la guillotina. A las diez y media de la mañana del día 16 de octubre de 1793, el pintor David, cómodamente instalado en la terraza del café La Régence, en la parisina calle de Saint-Honoré, realizó un apunte del natural de la reina María Antonieta camino del patíbulo. La llevaban sentada en una carreta e iba a ser ejecutada en la guillotina tras más de un año de calvario. El dibujo presenta a la reina como un fantoche patético tocado con una ridícula cofia de fámula bajo la cual asoman unos mechones de pelo lacio. En sus labios, crispados por la agonía, se muestra aún un orgullo que parece desafiar a la plebe. Es un apunte cruel, en el que el artista quiso desposeer a su víctima de todo residuo de esplendor o hermosura, mostrando en ella la fiera cautiva que ya no podría ejercer más sus perversidades. Para la multitud que la contempló ese día, María Antonieta era la encarnación del Mal; para muchos otros fue una reina mártir y un símbolo de la majestad y la entereza. Aquel despojo que David vio pasar rumbo al cadalso había sido, sin duda, una de las reinas más bellas que tuvo Europa y la más primorosa joya de Francia.

Desde su nacimiento en 1755, María Antonieta Josefa Ana de Austria, más conocida como María Antonieta de Austria, había vivido sumergida en la suntuosidad de la corte vienesa, rodeada de atenciones y ternura. Su padre, el emperador Francisco I, la adoraba. La emperatriz María Teresa, como el país entero, estaba embelesada con su hija y no podía negarle ningún capricho. Sus dos diversiones preferidas eran jugar con sus numerosos hermanos por los jardines del palacio de Schoenbrunn y esconderse de sus maestros. El compositor Gluck apenas consiguió hacer de ella una ejecutante mediocre de clavecín, y sus profesores de idiomas sólo lograron que hablara francés bastante mal y que se expresara en alemán correctamente, pero nunca pudieron enseñarle ortografía, porque la princesa se ponía triste y los desarmaba con encantadores mohínes.

A los 12 años supo que iba a ser reina de Francia. Su madre se dispuso a hacer de ella una perfecta princesa parisina y le asignó dos expertos que se ocuparan a fondo de la futura cabeza real: un preceptor eclesiástico y un ilustre peluquero. El primero debía reforzar su fe y su francés; al segundo se le encomendó la no menos delicada misión de edificar en la cabellera de la infanta una versallesca torre dorada llena de bucles. Una semana después, ambos se confesaron derrotados. El preceptor aseguraba que María Antonieta poseía un cerebro ingenioso y despierto, pero rebelde a toda instrucción; el peluquero no podía culminar su obra debido a la frente demasiado alta y abombada de la joven.
A los 14 años, cuando se casó con el duque de Berry, entonces Delfín y futuro rey Luis XVI, María Antonieta era ya una deliciosa muchacha espléndidamente formada, con un exquisito rostro oval, un cutis de color entre el lirio y la rosa, unos ojos azules y vivos capaces de condenar a un santo, un cuello largo y esbelto y un caminar digno de una joven diosa. Para el gusto francés, sólo su boca, pequeña y dotada del desdeñoso labio inferior de los Habsburgo, resultaba desagradable. El escritor inglés Horace Walpole, que apreció sus encantos durante la celebración de una boda, escribió: "Sólo había ojos para María Antonieta. Cuando está de pie o sentada, es la estatua de la belleza; cuando se mueve, es la gracia en persona. Se dice que, cuando danza, no guarda la medida; sin duda, la medida se equivoca..."

El matrimonio con el futuro rey de Francia fue bendecido el 16 de mayo de 1770. Hubo fastos, desfiles, grandiosas fiestas y solemnidades. Poco después, por la noche, no hubo nada. Al menos eso consignaría el Delfín en su diario en la mañana del día 17: "Rien." Una sola y enojosa palabra que seguirá escribiendo durante siete años, hasta que ella tenga el primero de sus cuatro hijos. María Antonieta, vital y poco inclinada a la santidad, se aburría soberanamente con su esposo y pronto comenzó a salir de incógnito por la noche, oculta tras la máscara de terciopelo o el antifaz de satén, y a resarcirse con algo más que simples galanterías.

Reina de Francia

En cuanto al Delfín, era robusto y bondadoso, pero también débil y no demasiado inteligente. Convertido en Luis XVI a los 20 años, María Antonieta escribirá a su madre: "¿Qué va a ser de nosotros? Mi esposo y yo estamos espantados de ser reyes tan jóvenes. Madre del alma, ¡aconseja a tus desgraciados niños en esta hora fatídica!". María Antonieta pronto se convirtió en símbolo escandaloso de la más licenciosa corte de Europa. Trataba de agradar y de obrar con acierto, pero no lo conseguía.

Sus faltas, exageradas por la opinión pública y consideradas como ejemplo vivo del desenfreno de la corte, no fueron otras que su desprecio a la etiqueta francesa, sus extravagancias y la constante búsqueda de placeres en el fastuoso grupo del conde de Artois, así como sus caprichosas interferencias en los asuntos de Estado para encumbrar a sus favoritas. Derrochadora, imprudente y burlona, la prensa clandestina comenzó a pintarla como un ser depravado y vendido a los intereses de la casa de Austria. La calumnia salpicaba su trono, siendo exagerada hasta el paroxismo por los libelos de la Revolución. Según los panfletos, la lista de sus amantes era interminable y sus excesos dignos de una Mesalina. Pronto fue conocida entre el pueblo con el despectivo mote de "la austríaca".
En 1785, un nuevo escándalo atribuido a su codicia vino a deteriorar su ya más que vapuleada fama. Todo el asunto giró alrededor de la más rica joya de la época. El célebre collar, realizado por los mejores orfebres de París para madame Du Barry, favorita del rey Luis XV, era una pieza insuperable. Sus más de mil diamantes, rubíes y esmeraldas parecían haber sido forjados pacientemente por los dioses en las entrañas de la tierra con el único fin de recibir la caricia del oro en un lugar preciso de la joya. Muerta la Du Barry antes de que se diera fin a la obra, la condesa de La Motte, aventurera que servía en la corte y pertenecía al círculo del tenebroso conde Cagliostro, embaucó al cardenal Louis de Rohan, rico y disoluto cortesano caído en desgracia, haciéndole creer que María Antonieta deseaba obtener el magnífico collar y que, no disponiendo del dinero suficiente, estaba dispuesta a firmar un contrato de compra si él lo garantizaba.

El cardenal, deseoso de congraciarse con María Antonieta, se entrevistó con quien creía que era la reina, suplantada por una bella joven apellidada d'Oliva, accedió a su petición y el 1 de febrero de 1785 el collar fue trasladado a Versalles. Pero no llegó a manos de la reina, sino que por una sucesión de intrigas fue a parar a la condesa de La Motte, que desapareció de París con su marido y se dedicó a vender afanosamente las gemas por separado. Una vez descubierta la estafa, la condesa aseguró ser favorita íntima de María Antonieta y esgrimió unas cartas comprometedoras de la reina falsificadas. María Antonieta fue acusada de intrigante y ambiciosa, y aunque el juicio demostró su inocencia, la campaña política orquestada para desprestigiarla tuvo éxito. El cardenal de Rohan fue desterrado, la condesa de La Motte azotada públicamente y su esposo condenado a galeras, pero el castigo ejemplar no pudo borrar el nuevo baldón que había caído sobre la honorabilidad de la reina.

La Revolución

La caída de la monarquía se fraguó en pocos meses. Ni Luis XVI ni María Antonieta comprendieron el carácter de los cambios que se avecinaban, provocando así su propia ruina. Ya no había posibilidades de reconciliación entre el pueblo y el rey. El intento de huida de los monarcas no hizo sino acentuar esta ruptura y patentizar que el país había dado la espalda a la corona.

El conde sueco Axel de Fersen, amante fidelísimo de María Antonieta, se encargó de preparar el plan de fuga con un grupo de selectos y secretos monárquicos. La familia real debía huir de París saliendo de las Tullerías durante la noche por una puerta falsa y dejando una proclama de acentos tradicionales dirigida al pueblo de París: "Volved a vuestro rey; él será siempre vuestro padre, vuestro mejor amigo." Sólo consiguieron llegar hasta Varennes, donde fueron reconocidos y detenidos. Cuando Luis XVI leyó el decreto que le obligaba a regresar, dijo: "Ya no hay rey en Francia". La Asamblea Legislativa no tuvo más remedio que someterse a cabecillas revolucionarios como Robespierre y Danton. No pudo evitar el asalto por las masas de la residencia real, arrebató los poderes al rey y permitió que fuese encarcelado en la torre del Temple. Después, para la realeza, no quedaba sino un trágico epílogo.
María Antonieta acompañó a su esposo a la prisión haciendo gala de un valor que ennobleció su figura, rayana luego en el heroísmo al aceptar con patética serenidad la separación de sus hijos y la ejecución de su esposo en enero de 1793. Trasladada a la Conciergerie siete meses después y encerrada en una celda sin luz ni aire, sin abrigo, vigilada en todo momento por guardias muchas veces borrachos, sus nervios estuvieron a punto de quebrarse en vísperas del juicio. Pero resistió.

Durante el proceso intentó defenderse con sus últimos restos de dignidad, contestó en términos que confundieron a sus crueles enemigos y, ante la acusación suprema de haber corrompido a sus hijos, guardó primero silencio y luego, dirigiéndose hacia el público, exclamó: "¡Apelo a todas las madres que se encuentran aquí!" Las deliberaciones del tribunal duraron tres días y tres noches, siendo por fin declarada culpable de alta traición como "viuda del Capeto". El 16 de octubre de 1793, a media mañana, sería exhibida en carreta por París ante los ojos de la multitud y de Jacques-Louis David, "el pintor de la Revolución".

Ninguna imagen más expresiva ni más elocuente del enorme cambio que se había operado en ella que su famoso dibujo: no hay parecido alguno entre aquella ruina humana que marcha al encuentro de su destino y la mujer que había sido, según apreciara Walpole, la elegancia personificada. Luego subiría lentamente los peldaños del cadalso, redoblarían los tambores, caería la cuchilla y la cabeza ensangrentada, asida por los cabellos por uno de los verdugos, sería mostrada a la multitud vociferante.

jueves, 25 de julio de 2013

Martin Miguel de Guemes -Laminas-Biografia




Martin Miguel de Guemes


Martin Miguel de Guemes


Martin Miguel de Guemes



Martin Miguel de Guemes



Breve Reseña:
SEMBLANZA DE MARTIN MIGUEL DE GUEMES
La vida y obra de Martín Miguel Juan de Mata Güemes.
Martín Güemes nació en Salta el 8 de febrero de 1.785, en el seno de una familia noble y adinerada. Cursó sus estudios primarios en su ciudad natal, alternando la enseñanza formal con el aprendizaje de las labores campesinas en las Fincas que poseía la familia. A los 14 años se incorporó como cadete de una Compañía del Regimiento Fijo de Infantería de Buenos Aires, iniciando una brillante carrera militar.
En 1805 fue trasladado a Buenos Aires donde comenzó a defender la integridad territorial actuando heroicamente durante las Invasiones Inglesas.
Durante 1.810, al servicio de la causa revolucionaria, se desempeño eficazmente al mando de un Escuadrón Gaucho en la Quebrada de Humahuaca impidiendo la comunicación entre los opositores al nuevo régimen y los realistas del Alto Perú. En Suipacha, único triunfo de las armas patriotas en el intento de recuperar el valioso territorio altoperuano, la participación del Capitán Martín M. de Güemes fue decisiva.
Con su ayuda Juan Martín de Pueyrredón – luego del desastre de Huapi – logró atravesar la selva oranense y salvar los caudales de la Ceca de Potosí, que estaba en poder de los realistas.
En 1.814 el Gral. José de San Martín le encomendó el mando de la Avanzada del Río Pasaje (hoy llamado Juramento porque en sus márgenes Belgrano hizo jurar obediencia a la Asamblea del Año XIII y donde se considera que nació como símbolo patrio de los argentinos la Bandera celeste-blanca-celeste) iniciando la Guerra Gaucha. Al año siguiente derroto completamente al poderoso ejército invasor al mando de Joaquín de la Pezuela en Puesto del Marqués, por lo cual el pueblo lo aclamó Gobernador de la Intendencia (integrada entonces por las ciudades de Salta, Jujuy, Tarija, Orán y distritos de campaña).
En Junio de 1.816 el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón le encomendó "la defensa de las Provincias Unidas y la seguridad del Ejército Auxiliar del Alto Perú" que se encontraba en Tucumán reorganizándose después de ser derrotado en Sipe Sipe. Entonces las milicias gauchas al mando del heroico salteño pasaron a desempeñarse como ejército en operaciones continuas, al servicio de la Patria. Por ello considerar a Martín Güemes prócer provincial ó defensor de la frontera Norte es una muestra del desconocimiento de nuestra Historia.
Güemes detuvo poderosas invasiones al mando de destacados jefes. Basta citar la del experimentado mariscal José de la Serna, quién al mando de 5.500 veteranos de guerra partió de Lima asegurando que con ellos recuperaría Bs.As.. O la del Gral. Pedro de Olañeta, enemigo acérrimo del salteño (ambas invasiones se produjeron en 1.817). O la del Gral. Juan Ramírez Orozco quién en Junio de 1.820 avanzó con 6.500 hombres.
Por su meritorio accionar, San martín lo designó General en Jefe del Ejército de Observación y le encomendó la misión de auxiliarlo en la liberación del Perú. Las Provincias reconocieron la designación pero escaso apoyo le brindaron. Güemes se vio obligado a imponer contribuciones que originaron oposición y gran descontento entre los pudientes, empobreciendo la economía de la Intendencia bajo su gobierno.
Esa oposición interna, aliada con la externa, fue la semilla en la que se gestó la tradición que floreció con su muerte.
Rodeados de enemigos lo encontró el año 1.821. Uno de los más poderosos y temibles fue el gobernador de Tucumán quien se negó a entregarle el armamento que había pertenecido al Ejército Auxiliar y evitó que su par santiagueño lo auxiliara. En mayo, acusándolo de tirano, el Cabildo de Salta lo depuso, en alianza con el Gral. Olañeta. Güemes recuperó el poder días después pero una partida realista guiada por enemigos internos del prócer lo hirió la noche del 7 de Junio. Murió diez días después, a la intemperie, en un catre, en Cañada de la Horqueta, a los 36 años. Entonces se convirtió en el único general argentino caído en acción de guerra externa.
Sus restos descansan en el Panteón de las Glorias del Norte de la República, ubicado en la Catedral Basílica de Salta. Pero sus ideales de libertad, su desprecio al materialismo, su amor a la Patria y su temple inclaudicable son el motor que impulsa a quienes lo llevan en su corazón y que cada vez que pronuncian su nombre le rinden emocionado homenaje al recordarlo. Porque Güemes sigue cabalgando y guiando a sus compatriotas.
Profesora María Cristina Pérez

martes, 23 de julio de 2013

Rafael Núñez - Biografia-





Rafael Núñez
(Cartagena de Indias, Colombia, 1825 - 1894) Político colombiano, presidente de Colombia entre 1880-1882, 1884-1886 y 1886-1888.
De niño fue poco agraciado y tuvo una salud frágil, pero siendo quinceañero participó en la guerra civil de los Supremos, en 1840. El joven Núñez, recién graduado en leyes, inició sus labores como periodista fundando el diario La Democracia, de corte liberal radical. Más por conveniencia que por amor, se casó en 1851 con Dolores Gallego, con quien tuvo dos hijos, a la par que continuaba la que sería una brillante carrera política.

A partir de su nombramiento como senador por Panamá, luchó contra los intereses individuales sin límites, por la separación entre la Iglesia y el Estado, y apoyó el nombramiento de los gobernadores por voto popular. Fue secretario de Gobierno, Guerra y Hacienda. Más tarde ocupó el cargo de director de Crédito Público y le correspondió llevar a cabo las reformas del presidente Mosquera contra la Iglesia.
Pasó luego a la diplomacia y residió en Europa, separado de hecho de su esposa e implicado en otra relación amorosa. Años después se casaría con Soledad Román Polanco. En el Viejo Continente recibió la influencia del positivismo spenceriano, que le sirvió para reflexionar sobre la situación de crisis de Colombia y acuñar su famosa frase: "Regeneración o catástrofe". Producto de su estancia en el extranjero, en los Ensayos de crítica social(1874) volcó su postura sobre diferentes aspectos de la vida nacional quien la posteridad llamaría el Filósofo del Cabrero o el Máximo Reformador político de Colombia.
Entre 1876 y 1878 lideró a los liberales independientes aglutinados en el Movimiento de la Regeneración, opuesto al decadente radicalismo, y cuando llegó a la presidencia de la República para gobernar en el período 1880-1882 se consagró a efectuar los cambios que tanto había anhelado: con la creación del Banco Nacional intentó romper la dependencia que tenía el Estado de las instituciones bancarias privadas; anuló las autonomías que los radicales habían otorgado a las instituciones educativas, sustituyéndolas por un patronato otorgado por orden presidencial para la elección de rectores e instaurando rígidos reglamentos que prohibían la participación política de los estudiantes, lo que neutralizó en buena parte el poder de los radicales; finalmente, en un lento proceso, fue sustituyendo la burocracia liberal por otra conservadora.

La segunda administración Núñez (1884-1886) se vio afectada por la guerra civil desatada por el radicalismo, que intentó derrotar a independentistas y conservadores en los Estados de Santander y Cundinamarca principalmente. Fulminantemente conjurada por el general Rafael Reyes en el combate de La Humareda, esta guerra precipitó los hechos: desde el balcón de palacio, Núñez pronunció su famosa frase: "La Constitución de 1863 ha dejado de existir". Fundó entonces el partido nacional con amplias mayorías conservadoras y convocó un reducido consejo de delegatarios, orquestados por Núñez y Miguel Antonio Caro, para crear un nueva constitución.
La nueva constitución eliminó el federalismo creando la República de Colombia, fuertemente centralista y autoritaria. El poder presidencial fue fortalecido: del presidente dependían los nombramientos de todas las autoridades ejecutivas y administrativas de los departamentos (nombre que se dio a los antiguos Estados) y municipios. Se prolongó el período presidencial a seis años, otorgándole al jefe del ejecutivo amplias facultades en casos de conmoción interior, pudiendo en esos momentos suspender las garantías constitucionales y expedir sin trabas decretos legislativos. La religión católica pasó a ser elemento esencial de cohesión social, nombrando a Dios como "fuente suprema de toda autoridad" y sustituyendo la noción del pueblo del liberalismo; la religión católica, apostólica y romana fue establecida como la de la nación, y de ella dependía la organización de la educación pública. La nueva constitución limitó además los derechos individuales, restableció la pena de muerte y restringió el voto a un sistema de "electores", uno por cada mil habitantes.
La constitución de 1886 fue el gran monumento a la gloria de Núñez: pese a las numerosas fallas y a las diferentes transformaciones que sufrió en sus cien años de vigencia, cohesionó a un país disperso y permitió con su flexibilidad abarcar múltiples posibilidades, a tal punto que los dos partidos la respetaron aun en los momentos de más virulenta exacerbación.
El tercer gobierno de Rafael Núñez, ejercido entre los años 1886 y 1888, se destacó por la aprobación del Concordato con la Santa Sede en 1887. Su último período presidencial, entre 1892 y 1898, fue ejercido por el vicepresidente Miguel Antonio Caro.
Hombre de gran agudeza política, Rafael Núñez ejerció una enorme influencia en la historia colombiana de la segunda mitad del siglo XIX. Desde su retiro en la casona del Cabrero, con su amada Soledad, vio pasar los únicos años sosegados de su vida y ya no regresó a Bogotá. Murió el 18 de septiembre de 1894.
Como poeta, Rafael Núñez fue un romántico tardío y escéptico. Su producción poética está contenida en los volúmenes Versos (1885) y Poesías (1889). Se le ha criticado que su producción literaria resulta en exceso discursiva, mucho más cercana a la prosa que a la poesía. En sus poemas se reconoce una actitud melancólica y escéptica frente a los problemas del existir. En su poema Que sais-je? habla del corazón humano, órgano al que define como un "laberinto sin límites ni fin". Las más conocidas y citadas de sus composiciones, además de la anterior, son Dulce ignoranciaSursumSócratesCanto a Moisés y Todavía. Paralelo en pesimismo a Que sais-je? es otro poema titulado El mar Muerto.
Más interés que el prosista de Ensayos de crítica social(1874) y La crisis económica (1886), tiene el de su libro La reforma política en Colombia (1885). No se puede desdeñar en conjunto su producción periodística: fundó y dirigió en Cartagena La Democracia; colaboró en la prensa de otros países, al principio, con el seudónimo David Olmedo, y defendió siempre con gran habilidad la evolución de su ideología.

sábado, 20 de julio de 2013

José Acevedo y Gómez Biografía






(José Acevedo o Acebedo y Gómez; Charalá, 1773-Caquetá, 1817) Patriota colombiano. Siguió estudios de gramática y filosofía en el Colegio del Rosario y se dedicó posteriormente al comercio, logrando acumular una importante fortuna. Sus dotes de orador y su influencia le permitieron ingresar en los círculos políticos de la capital. Fue nombrado Procurador General, y en 1808, Regidor Perpetuo del Cabildo de Santafé. En 1808 le correspondió hacer la proclamación y juramento de obediencia al reyFernando VII.

En 1809, con ocasión de la Revolución de Quito, Acevedo y Gómez se destacó por ser partidario de sostener la Junta Suprema de Gobierno. Por influencia de la revolución de Quito de 1809, se iniciaron movimientos de insurrección popular durante el año siguiente. Estos movimientos autonomistas exigieron cabildos abiertos, en los cuales pudieran participar los criollos.
El 20 de julio de 1810, José Acevedo fue elegido diputado (tribuno) por el pueblo y, en compañía del grupo criollo revolucionario y en presencia del pueblo de Santafé, se eligieron los vocales de la Junta Suprema de Gobierno. Para presidirla fue nombrado el virrey Antonio Amar y Borbón y, en calidad de vicepresidente, José Miguel Pey. En su discurso, José Acevedo habló del mal gobierno español, de los derechos del pueblo y de la esclavitud, avivando el sentimiento revolucionario del pueblo
Más tarde participó en algunos actos de la vida política del país: firmó la Constitución Política de Cundinamarca, en 1811, y la Declaración de Independencia Absoluta de la República de Tunja, en 1813. En 1813 colaboró ayudando a reunir fondos para las campañas de Simón Bolívar y Antonio Nariño. Con la llegada en 1816 del militar españolPablo Morillo, que inició la reconquista española y el Régimen del Terror (1816-1819), Acevedo hubo refugiarse en las selvas del Andaquí, donde sufrió enfermedades y padecimientos hasta su muerte. De sus obras se conserva el folleto Relación de lo que executó el M.I. Cabildo Justicia y regimiento de la M.N. y M.L. ciudad de Santafé de Bogotá, capital del Nuevo Reino de Granada (1808), texto que relata los sucesos ocurridos durante la proclamación y obediencia al rey Fernando VII.

viernes, 7 de junio de 2013

Flag Day - Dia de la Bandera Estados Unidos








El comienzo de la historia de la bandera de Estados Unidos y delDía de la Bandera es una cuestión debatida. Tanto el presidenteWilson en 1916 como el presidenteCoolidge en 1927 emitieron proclamas en las que pedían que el 14 de junio se observase como el Día de la Bandera Nacional. Pero no fue hasta el 3 de agosto de 1949 que el Congreso aprobó la observancia nacional de la fecha y el presidente Truman promulgó la ley.
"Que la bandera de Estados Unidos será de trece barras alternadas de rojo y blanco, con un cuartel superior izquierdo de trece estrellas blancas sobre un campo azul, en representación de la nueva constelación". Esta fue la resolución adoptada por el Congreso Continental el 14 de junio de 1777. La resolución aceptó el informe de una comisión especial que se había designado para sugerir el diseño de la bandera.
Por primera vez se llevó al combate una bandera con este diseño el 11 de septiembre de 1777, en la batalla de Brandywine. La bandera estadounidense fue saludada por primera vez por naves extranjeras el 14 de febrero de 1778, cuando el Ranger, enarbolando el pabellón de las barras y estrellas y bajo el mando del capitán Paul Jones, llegó a un puerto francés. La tradición reseña que la primera bandera con este diseño fue confeccionada por la señora de John Ross, más conocida como Betsy Ross, de Filadelfia. Aunque el diseño original estipulaba estrellas de seis puntas, cuando apareció el producto final las estrellas tenían cinco puntas. No está claro si la idea provino de Betsy Ross, de quien se dice que encontró que ese diseño era más fácil de coser, o del general George Washington, quien prefería las estrellas de cinco puntas por considerarlas más dignas.
Sin embargo, la observancia de la adopción de la bandera no llegó pronto. Aunque hay muchas afirmaciones sobre la primera observancia oficial del Día de la Bandera, todas tuvieron lugar más de todo un siglo después de la adopción de la bandera en 1777.
El reclamo más conocido viene de Nueva York. El 14 de junio de 1889 el profesor George Bolch, director de un jardín de infantes gratuito para los pobres de la ciudad de Nueva York, hizo que su escuela celebrara ceremonias patrióticas para observar el aniversario de la resolución delDía de la Bandera. Esta iniciativa atrajo la atención del Departamento de Educación del estado, que dispuso que a partir de entonces la fecha fuera observada en todas las escuelas públicas.
Pronto la legislatura del estado aprobó una ley haciendo responsabilidad del superintendente de escuelas públicas del estado asegurar que las escuelas observaran las efemérides del cumpleaños de Lincoln, el cumpleaños de Washington, el Día de la Recordación y el Día de la Bandera. En 1897 el gobernador de Nueva York ordenó que se izara la bandera en todos los edificios públicos del estado, una observancia que algunos consideran el primer reconocimiento oficial fuera de las escuelas del aniversario de la adopción de la bandera.
Otro reclamo proviene de Filadelfia. En 1893 la Sociedad de Damas Coloniales logró hacer aprobar una resolución para que la bandera se enarbolara en todos los edificios públicos de la ciudad. Elizabeth Duane Gillespie, descendiente directa de Benjamín Franklin y presidenta de lasDamas Coloniales de Pensilvania, trató ese mismo año de conseguir que la ciudad proclamara el 14 de junio como Día de la Bandera. A las resoluciones auspiciadas por mujeres, sin embargo, no se les prestaba mucha atención y no fue hasta el 7 de mayo de 1937 en que Pensilvaniafue el primer estado que estableció el 14 de junio Día de la Bandera como un feriado legal.
Se dice que el maestro escolar Bernard J. Cigrand, de Waubeka,Wisconsin, pasó años tratando de conseguir que el Congreso declarase feriado nacional el 14 de junio como feriado nacional. Aunque su intento fracasó, la fecha fue observada ampliamente. Los honores de "Padre del Día de la Bandera" fueron conferidos a William T. Kerr, a quien se le acredita haber fundado la Asociación del Día de la Bandera de Estados Unidos en 1888 cuando era todavía un escolar en Pittsburgh, Pensilvania.
Tanto el presidente Wilson en 1916 como el presidente Coolidge en 1927 emitieron proclamas pidiendo que el 14 de junio se observase como el Día de la Bandera Nacional. Pero no fue hasta el 3 de agosto de 1949 que el Congreso aprobó la observancia nacional de la fecha y el presidente Truman promulgó la ley.

lunes, 13 de mayo de 2013

Semana de mayo de 1810 Paso A Paso




Semana de mayo de 1810





Paso a paso: Semana de Mayo de 1810
Un grupo de Patriotas con ideas revolucionarias se venían reuniendo en la Jabonería, negocio de Hipólito Vieytes, en la casa de Rodríguez Peña y en la quinta de Mariano de Orma, gestando las ideas revolucionarias que culminarías saliendo a la luz el 25 de Mayo. Entre ellos estaban Belgrano, Saavedra, Rodríguez Peña, Alberti, Paso.
Viernes 18 de Mayo de 1810
El virreinato del Río de la Plata era gobernado por el virrey Don Baltasar Hidalgo de Cisneros, quien alarmado por las noticias que llegaban de España, le pidió al pueblo a través de una proclama que se mantenga fiel al rey de España.
El pueblo sabe que la situación política en España es grave, las tropas de Napoleón Bonaparte habían invadido casi todo el territorio español. El rey Fernando VII continuaba prisionero de los franceses.
Por ello los patriotas se reunieron con Cornelio Saavedra, Jefe del Regimiento de Patricios, considerando que el momento de llevar a la acción sus ideas revolucionarias había llegado.
Sábado 19 de Mayo de 1810
Los Patriotas comisionan a Castelli para presentarse ante el síndico procurador Julián de Leiva, y por otro lado a Belgrano y Saavedra a que se apersonaran ante el Alcalde en Primer Voto Juan José Lezica, para solicitar que, con la aceptación del Virrey Cisneros, fuera convocado un Cabildo Abierto para que deliberara el pueblo sobre su destino.
Domingo 20 de Mayo de 1910
Enterado de la petición, el Virrey se reunió con las Fuerzas Militares y Saavedra no fue lo suficientemente enérgico en su posición, por lo que Cisneros no resolvió nada.
Los revolucionarios enviaron a Martín Rodríguez y Castelli, quienes- haciendo caso omiso de la cólera del virrey- lograron que aceptara convocar a Cabildo Abierto.
Lunes 21 de Mayo de 1810Apoyados por vecinos que solicitaban la solicitud de un Cabildo Abierto, los regidores recibieron por parte del Virrey Cisneros una autorización escrita en que accedía a la voluntad popular de convocar a una sesión pública para el día siguiente, en la que se convocara a la parte más representativa y más sana del vecindario.
Martes 22 de Mayo de 1810
Cabildo Abierto
El Cabildo abre sus puertas y participan en esta importante reunión unos 250 vecinos.
Se inició un debate que fue comenzado por el escribano del Cabildo, Justo Núñez, luego prosiguió el Obispo de Buenos Aires, Benito de Lué y Riega, quienes aconsejaban no innovar.
Las ideas revolucionarias patrióticas fueron expuestas y defendidas por el doctor Juan José Castelli, quien exaltó los derechos del pueblo de Buenos Aires para ejercer la soberanía y poder tener un gobierno propio.
Prosiguió haciendo uso de la palabra el militar Ruiz Huidobro, quien expuso que habiendo cesado en el cargo el Rey Fernando VII, también caducaba el mando del Virrey Cisneros, y que el Cabildo debía decidir el sucesor.
Siguieron otras exposiciones donde había opiniones encontradas, las que se extendieron por varias horas hasta que se procedió a votar por escrito si se destituía al virrey y se lo reemplazaba por una junta de gobierno, integrada por vecinos de Buenos Aires. La votación duró hasta la medianoche y se dejó el escrutinio para el día siguiente.
Miércoles 23 de Mayo
Este día muy temprano se da a conocer al pueblo los resultados de la votación: 89 votos a favor de que permanezca el virrey Cisneros y 155 votos por la Destitución del Virrey y a favor de la creación de una junta de gobierno. 29 personas no votaron.
La falta de unidad en las ideas previo a este sufragio, quiso ser aprovechada por los síndicos que designarían Presidente de la Junta provisional, al propio Cisneros.
Jueves 24 de Mayo de 1810
Reunido el Cabildo dispuso que la Junta de Gobierno fuera presidida por Cisneros, además de dos españoles (Juan M. Solá y José Santos Incháurregui) y dos criollos (Castelli y Saavedra). Asesorados por el síndico reaccionario español Julián de Leiva, se redactó un Reglamento.
Juraron ese día y fueron aprobados por los mandos militares.
Pero cuando trascendió que el Virrey seguía al mando, comenzó a agitarse la población agrupada en la Plaza Mayor, encabezados por French, Beruti y otros.
A la par, los patriotas revolucionarios, reunidos, hicieron ver el error a Castelli, quien dijo que elevaría su renuncia y sugeriría la misma actitud a Saavedra. Eran apoyados por los regimientos de Arribeños y Patricios. Por la noche los dos criollos miembros de esta Junta, presentaron su renuncia. Y el síndico volvió a citar para el día siguiente.
Los patriotas reunidos durante toda esa noche en casa de Rodríguez Peña, deliberan sobre los miembros que integrarán una lista que será presentada ante el Cabildo.
Viernes 25 de Mayo de 1810
Los cabildantes aceptaron la renuncia indeclinable del Virrey, que aceptó el descontento popular hacia su investidura; los jefes militares le negaban su apoyo. Después de muchos artilugios del síndico Leiva para coartar los objetivos patriotas, los cabildantes decidieron aceptar la Junta revolucionaria presentada, avalada por firmas, y respaldada por el pueblo en la Plaza, quedó integrada la:
PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO
Presidente: Comandante de Armas Cornelio Saavedra
Secretarios: Doctores Juan José paso y Mariano Moreno
Vocales: Pbro. Manuel Alberti, Dr. Manuel Belgrano, Dr. Juan José Castelli, Miguel de Azcuénaga, Domingo Matheu y Juan Larrea

viernes, 26 de abril de 2013

Justo José de Urquiza









Justo José de Urquiza
(1801 - 1870)
Autor: Felipe Pigna
Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos, vencedor de Rosas, gran impulsor de la organización nacional y primer presidente constitucional de los argentinos, nació el 18 de octubre de 1801 en una estancia cercana a Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos. En aquel tiempo, su padre, el coronel José de Urquiza, era comandante de la costa del Uruguay. Los primeros años de Urquiza transcurrieron en el campo hasta que en 1817 se trasladó junto a sus hermanos mayores a Buenos Aires para estudiar en el Colegio de San Carlos, pero debió abandonar los estudios por la clausura del Colegio y regresó a Entre Ríos. A partir de entonces se dedicó al comercio. Trabajó junto a su cuñado hasta establecer su propio negocio: cueros y astas que despachaba a Buenos Aires y Montevideo. Lentamente y paralelamente con el crecimiento de su prosperidad económica, aumentó la influencia de Urquiza en Concepción del Uruguay. La ciudad lo nombró oficial del cuerpo de cívicos, que se encargaba del orden en la ciudad y en el campo. Allí tomará contacto por primera vez con la política y con los grandes debates en torno a la forma de gobierno a adoptar por el nuevo país independiente. Urquiza se inclinó por el federalismo e inició su carrera política que lo llevó a los veinticinco años a ser electo diputado de la legislatura provincial. Allí presentó una serie de proyectos tendientes a mejorar la administración y la economía provinciales, así como innovadoras propuestas educativas.
Su buena labor legislativa incrementó su influencia y su prestigio político. En 1832 fue designado comandante general del Segundo Departamento Principal. Era el cargo que seguía en jerarquía al de gobernador y manejaba los destinos de la mitad más rica de Entre Ríos.
Cuando el gobernador entrerriano Pascual Echagüe dejó su cargo, la Cámara de Representantes eligió a Justo José de Urquiza en su remplazo,  quien asumió dicho cargo el 15 de diciembre de 1841.
Eran épocas duras, de guerras civiles entre los unitarios de Paz, aliados a los orientales de Fructuoso Rivera y los federales de Rosas socios del caudillo oriental Manuel Oribe. Urquiza se unió al bando federal participando en numerosas batallas. Persiguió a Rivera durante casi dos años hasta derrotarlo definitivamente en 1845 en India Muerta. Quedaba José María Paz, el genial estratega unitario, que se había adueñado de la provincia de Corrientes y dirigía las operaciones comandadas por el gobernador correntino Joaquín Madariaga. Urquiza organizó una rápida campaña y Madariaga fue derrotado en Laguna Limpia. El vencedor decidió no atacar a Paz que se encontraba en un lugar de muy difícil acceso y le propuso un pacto a Madariaga. Los dos gobernadores se reunieron en Alcaraz, Entre Ríos, en agosto de 1846 y firmaron los Tratados de Alcaraz, donde reiteraban la vigencia del Pacto Federal de 1831.
Los acuerdos de Alcaraz le cayeron muy mal a Rosas porque promovían la libre navegación de los ríos e insistían en la necesidad de organizar constitucionalmente al país. Rosas comisionó a su secretario Máximo Terrero para denunciar ante los gobernadores "el desvío, la miseria y la ceguera del General Urquiza".
Las presiones de Rosas activaron el conflicto entre Corrientes y Entre Ríos e hicieron fracasar los acuerdos de Alcaraz. La guerra se reanudó y Madariaga fue vencido definitivamente en el Potrero de Vences en noviembre de 1847. El gobierno de Corrientes quedó en manos de un hombre de confianza de Urquiza, el Coronel Benjamín Virasoro.
Terminadas las campañas de 1846 y 1847, Urquiza volvió a ocuparse personalmente de las tareas de gobierno que había confiado en su ausencia a Antonio Crespo su gobernador delegado. Se dedicó sobre todo a promover la educación popular. Para 1848 ya había escuelas públicas en todos los distritos de la Provincia.
Para 1850 Entre Ríos era una de las provincias más prósperas de la Confederación. Atraía a inversores extranjeros y llevaba a los emigrados argentinos en Montevideo a poner los ojos en su gobernador y a visualizarlo como el único capaz de terminar con el régimen rosista. Así pensaba Esteban Echeverría, que le escribía a Urquiza en estos términos: "Debe ponerse al frente de un partido único y nacional que represente a la religión social de la patria representada en la bandera de Mayo. Nos asiste un convencimiento de que nadie en la República Argentina está en condición más ventajosa que Vuestra Excelencia para ponerse al frente de ese partido nacional y promover con suceso la fraternidad de todos los argentinos".
Rosas había adoptado varias medidas que afectaron la economía entrerriana.
Año tras año, argumentando razones de salud, Rosas presentaba su renuncia a la conducción de las relaciones exteriores de la confederación, en la seguridad de que no le sería aceptada. Y lo hacía en términos como estos:
"La irreparable pérdida de mi amante esposa Encarnación, la prolongada lucha de mis más queridas afecciones para subordinarlas a mis altos deberes y los principios de mi vida pública, aléjanme de una posición en que fuera desacuerdo reproducir sacrificios ya colmados. Con intenso anhelo, muy encarecida y humildemente, os suplico que, sin pérdida de tiempo, elijáis la persona que ha de sucederme en el mando supremo de la provincia."
Y la legislatura bonaerense le contestaba: "No hay patriotas esclarecidos, capaces de ponerse al frente de los negocios, sólo en la persona de V.E. pueden depositar confiadamente la plenitud de facultades que acuerda la Ley. Sienten, pues no poder por ahora hacer innovación alguna a las resoluciones anteriores".
En 1851 el gobernador de Entre Ríos emitió un decreto conocido como el pronunciamiento de Urquiza, en el cual aceptaba la renuncia de Rosas y reasumía para Entre Ríos la conducción de las relaciones exteriores.
El conflicto era en esencia económico: Entre Ríos venía reclamando la libre navegación de los ríos -necesaria para el florecimiento de su economía- ya que permitiría el intercambio de su producción con el exterior sin necesidad de pasar por Buenos Aires.
Armado de alianzas internacionales, Urquiza decidió enfrentar al gobierno bonaerense.
El emperador de Brasil, Pedro II, proveería infantería, caballería, artillería y todo lo necesario, incluso la escuadra. El tratado firmado entre Urquiza y los brasileños decía en una de sus partes:
"Su Excelencia el señor Gobernador de Entre Ríos se obliga a obtener del gobierno que suceda inmediatamente al del general Rosas, el reconocimiento de aquel empréstito como deuda de la Confederación Argentina y que efectúe su propio pago con el interés del 6% por año. En el caso, no probable, de que esto no pueda obtenerse, la deuda quedará a cargo de los estados de Entre Ríos y Corrientes, y para garantía de su pago, con los intereses estipulados, Sus Excelencias los señores gobernadores de Entre Ríos y Corrientes, hipotecan desde ya las rentas y los terrenos de propiedad pública de los referidos estados."
En las provincias la actitud de Urquiza despertó diversas reacciones. Córdoba declaró que era un infame traición a la patria y dijo que "Urquiza se había prostituido a servir de avanzada al gobierno brasileño". Otras se pronunciaron en sentido similar e intentaron formar una coalición militar para defender a Rosas, pero ya era demasiado tarde.
Urquiza alistó a sus hombres en el ''ejército grande" y avanzó sobre Buenos Aires, derrotando a Rosas en la Batalla de Caseros, el 3 de Febrero de 1852.
Horas más tarde Rosas escribiría su renuncia. Vencido, el Gobernador de Buenos Aires alcanzó a escribir estas líneas antes de embarcarse en el buque de guerra Conflict hacia Inglaterra, donde vivirá hasta su muerte:
"Durante el tiempo en que presidí el gobierno de Buenos Aires, encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina, con la suma del poder por la ley, goberné según mi conciencia. Soy, pues, el único responsable de todos mis actos, de mis hechos buenos como los malos, de mis errores y de mis actos. Las circunstancias durante los años de mi administración fueron siempre extraordinarias, y no es justo que durante ellas se me juzgue como en tiempos tranquilos y serenos."
Al día siguiente de Caseros, los terratenientes porteños, como por ejemplo los Anchorena, primos de Rosas, renegaron de su pasado rosista y trataron de congraciarse con las nuevas autoridades.
El "Ejército Grande" podría haber entrado a Buenos Aires al otro día de Caseros, pero Urquiza prefirió esperar al 20 de febrero, aniversario de la batalla de Ituzaingó, como desagravio al Imperio brasileño.
Las fuerzas de oposición al Gobernador conformaban un extraño conjunto: Federales antirrosistas, unitarios, jóvenes intelectuales, autonomistas, que sólo tenían en común su oposición a Rosas. Lejos de mantener la unidad, este grupo se dividirá en numerosos bandos políticos.
Si la caída de Rosas parecía el fin de las contiendas provinciales, a partir de ella los enfrentamientos se tornarán más encendidos que nunca y el país parecía estar a punto de estallar en pedazos.
Urquiza se instaló en la casa de Rosas en Palermo. Como Lavalle, para asegurarse el apoyo político, repartió dineros públicos entre un numeroso grupo de oficiales y allegados. El reparto fue mayor que en 1829, también lo era el tesoro en 1852. Las órdenes de pago más modestas eran por veinte mil pesos. Don Vicente López y Planes cobró 200 mil pesos y aceptó asumir como gobernador de Buenos Aires.
He aquí una pequeña parte de la lista de los que recibieron los "incentivos de Urquiza", claro que con dineros públicos:
Teniente Coronel Hilario Ascasubi, 10 mil
Coronel Manuel Escalada, 100 mil
General Gregorio Aráoz de La Madrid, 50 mil
Coronel Bartolomé Mitre, 16 mil
Gobernador de Corrientes, Benjamín Virasoro, 224 mil
General José M. Galán, 250 mil
A su llegada, Urquiza buscó aliados políticos; pero las cosas habían cambiado: rosistas y antirrosistas de Buenos Aires cambiaron de colores y se unieron para asegurar la unidad bonaerense frente a los avances del interior. Urquiza convocó a los gobernadores de las provincias a firmar un acuerdo en San Nicolás, el 31 de mayo de 1852, con el objetivo de lograr un consenso que permitiera la sanción de una nueva y definitiva constitución. El acuerdo respondía a los intereses del interior del país, quitando protagonismo al poder central que se ejercía desde Buenos Aires.
Cada provincia cedería parte de su poder de decisión para delegarlo en un poder central. El nuevo intento integrador tenía bases en el liberalismo económico: se dictó la libre navegación de los ríos y la supresión de las aduanas interiores.
Además, se designó al General Urquiza como director provisional de la Confederación Argentina, asignándole algunas facultades extraordinarias, como el mando de las Fuerzas Militares y el control de todas las rentas. Por último, el acuerdo convocó a un Congreso General Constituyente.
Buenos Aires no tardó en mostrar su enojo. El acuerdo le quitaba sus enormes influencias políticas, otorgando en cambio importantes poderes al propio Urquiza. La legislatura bonaerense rechazó el acuerdo tras largos debates parlamentarios.
Aprovechando la ausencia de Urquiza, que asistía en Santa Fe a la inauguración del Congreso Constituyente, el 11 de septiembre de 1852 estalló una revolución en Buenos Aires. El movimiento reclamaba la renuncia del gobierno y la nulidad del Acuerdo de San Nicolás, al tiempo que proclamó como gobernador al jefe del movimiento, Valentín Alsina. Pero casi simultáneamente, tropas federales que respondían a los intereses del Litoral sitiaron Buenos Aires exigiendo el cumplimiento del acuerdo.
El Congreso Constituyente finalmente pudo reunirse, sin contar con la presencia porteña. Las bases de Alberdi y el modelo de Constitución de Estados Unidos, sirvieron como puntos de partida en la redacción del texto final.
Ante la resistencia porteña, Urquiza decidió bloquear el puerto de Buenos Aires, pero cometió el error de poner al frente de la escuadra al coronel norteamericano John Halsted Coe. El Marino yanqui vendió la escuadra a Buenos Aires el 20 de julio de 1853 por 5000 onzas de oro y se terminó el bloqueo.
La secesión era un hecho. Por un lado, se constituyó la Confederación Argentina, una irregular amalgama de trece provincias que respondían a un gobierno con capital en Paraná. Por el otro, el Estado de Buenos Aires, con intereses definidos, una más sólida posición financiera y con una relativa unidad política.
La Confederación Argentina intentó llevar adelante un modelo que pretendía "olvidarse" de Buenos Aires e instalar una nueva nación. No era sencilla la tarea de Urquiza: crear un sentimiento nacional más fuerte que las identidades regionales.
La Confederación manejaba un presupuesto escaso, producto de la falta de recursos económicos y naturales; la zona más rentable era la Mesopotamia, productora de ganado y cereales; el resto de las provincias, aisladas, desarrollaban actividades económicas destinadas a la subsistencia o a un pobre intercambio con países limítrofes (Paraguay, Chile y Bolivia).
Urquiza trató de combatir la pobre situación económica de la Confederación. Firmó tratados comerciales con Estados Unidos, Francia e Inglaterra. Solicitó créditos al Brasil. Estimuló la inmigración, creando colonias agrícolas en las provincias del Litoral para desarrollar la producción lanera y cerealera. Fomentó la enseñanza y los estudios científicos. Pero los problemas económicos del interior eran estructurales: faltaban tierras, capitales y no había suficiente mano de obra. Además, el circuito económico del Litoral no cerraba: para comerciar con el exterior, necesariamente las mercaderías -que salían del puerto de Rosario- debían pasar por la aduana de Buenos Aires, y pagar allí fuertes sumas.
El proyecto de Urquiza se desmoronaba. Darle la espalda a Buenos Aires era una estrategia inviable. Los capitales extranjeros no llegaban, carecían de una moneda fuerte, el estado no lograba nacionalizar sus instituciones. Las bases materiales estaban en terreno porteño.
El último intento de la Confederación Argentina, fue endurecer sus políticas hacia Buenos Aires: en 1857 se dictan las Leyes de Derechos Diferenciales, que establecían ventajas a los productos que llegaban a su territorio sin pasar por Buenos Aires.
La ley era una abierta provocación a los porteños. La respuesta no tardó en llegar. Un decreto del Gobernador Alsina prohibía el paso por aguas porteñas de productos de la Confederación. Era una abierta guerra económica y sólo faltaba encender una mecha para que todo estallara.
La guerra económica, entonces, dio paso a las armas: un conflicto político en San Juan fue el puntapié para que las tropas de Buenos Aires y la Confederación se movilizaran.
Los dos ejércitos se encontraron en Cepeda el 23 de octubre de 1859. Las tropas porteñas, al mando de Mitre, cayeron derrotadas.
La victoria le daba a Urquiza una aparente capacidad negociadora. Sin embargo, mostró una actitud moderada y no entró a Buenos Aires, sino que estableció su campamento en San José de Flores. Su intención era resolver rápidamente el conflicto.
Por el pacto de San José de Flores, firmado el 11 de noviembre de 1859, se acordaba que Buenos Aires comprometía su ingreso a la Confederación y ésta, debía aceptar las reformas que Buenos Aires le realizara a la Constitución.
Buenos Aires otorgaba subsidios a las provincias y se comprometía a pagar los gastos de la nueva convención constituyente, donde se incorporarían las reformas propuestas por Buenos Aires; pero mientras tanto, alargaba los plazos de la incorporación y mantenía el control de las rentas nacionales a través de la aduana.
Pero la confederación no podía esperar indefinidamente la incorporación de Buenos Aires a la Nación. El consenso que parecía adquirido no tenía la suficiente solidez y el acuerdo se desmoronó a raíz de un conflicto menor en la provincia de San Juan.
Nuevamente las fuerzas porteñas y del interior se enfrentaron, esta vez en Pavón el 17 de septiembre de 1861, en un combate dudoso y confuso, Urquiza retiró sus tropas, aun teniendo superioridad numérica. Esta vez la victoria fue para los porteños, que extendían de este modo su dominio a todo el país.
Tras la derrota de Pavón, Urquiza se refugió en su Palacio San José y se dedicó a sus negocios agropecuarios. Se negó a apoyar los levantamientos federales de los montoneros del Chacho Peñaloza y Felipe Varela contra la política del puerto de Buenos Aires que asfixiaba al interior y sólo reapareció públicamente en 1865 para apoyar a Mitre en la Guerra del Paraguay. Esta actitud desprestigió mucho su figura en las provincias y generó fuertes rechazos entre sus coprovincianos. En 1868 volvió a la vida política presentándose como candidato a presidente. Fue derrotado por Sarmiento quien a poco de asumir apoyó su nombramiento como gobernador de Entre Ríos y lo visitó en su palacio de Concepción del Uruguay.
El abrazo con Sarmiento, el principal responsable de la muerte del Chacho, le costará muy caro a Urquiza. Para muchos de sus ex compañeros de armas e ideas era la gota que colmaba un vaso que había comenzado a llenarse tras la extraña retirada de Pavón y con el apoyo a Mitre y a la guerra fratricida con el Paraguay. El 11 de abril de 1870, un grupo armado que respondía al caudillo montonero Ricardo López Jordán irrumpió en el Palacio San José al grito de "¡muera el traidor Urquiza!". El general le salió al encuentro dispuesto a defenderse a tiros pero cayó herido por un certero disparo y, una vez en el piso, la partida montonera lo ultimó a puñaladas.
Sus restos descansan desde agosto de 1872 en la Catedral de Concepción del Uruguay. Su recuerdo y su paso por la historia siguen despertando polémicas entre quienes ven en él a un libertador que puso fin al régimen rosista y al gran impulsor de la organización constitucional del país y entre quienes lo consideran un traidor a la causa federal.
Todo parece indicar que la vida amorosa de Urquiza fue muy intensa, pero la única mujer con la que contrajo matrimonio fue Dolores Costa Brizuela, nacida en 1830. Era hija de don Cayetano Costa y doña Micaela Brizuela. Urquiza tenía 50 años cuando conoció a Dolores en una fiesta en Gualeguaychú en la que el invitado de honor era Sarmiento. Dolores fue la fiel compañera de sus últimos años. Él tenía 12 hijos de parejas anteriores cuando la conoció -todos reconocidos legalmente- y con ella tendrá otros 11. La primera de la larga lista fue Dolores, nacida el 30 de abril de 1853, horas antes de la sanción de la Constitución Nacional.
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Fuente: www.elhistoriador.com.ar
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