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9 de Julio: Día de la Independencia Argentina





Hace 205 años, 29 diputados se reunieron en San Miguel de Tucumán para concluir el proceso emancipador comenzado en mayo de 1810.




En 1816, convergieron dos hechos fundamentales para la historia nacional: la declaración de la Independencia y la organización final del plan continental del general José de San Martín, que sería el garante de esa independencia y la llevaría más allá de las Provincias Unidas.

El contexto internacional en el que esto ocurría era complejo: España se había liberado de los franceses y el rey Fernando VII había vuelto al trono y se predisponía a recuperar los territorios americanos que estaban en manos de los revolucionarios. El ejército realista había comenzado a avanzar por toda la región derrotando a una parte de los movimientos independentistas americanos.


Ante esa situación, las Provincias Unidas se juntaron para decidir qué hacer frente al peligro realista. El Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas en Sudamérica se reunió en San Miguel de Tucumán para limar asperezas entre Buenos Aires y las provincias, pues sus relaciones estaban deterioradas.


 

Cada provincia eligió un diputado cada 15.000 habitantes. Las sesiones del Congreso se iniciaron el 24 de marzo de 1816 con la presencia de 33 diputados de los 34 elegidos.


Finalmente, y después de arduas discusiones, el 9 de julio de 1816 los representantes firmaron la declaración de la Independencia de las Provincias Unidas en Sudamérica y la afirmación de la voluntad de “investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli” y “de toda otra dominación extranjera”. De este modo, después del proceso político iniciado con la Revolución de Mayo de 1810, se asumió por primera vez una manifiesta voluntad de emancipación.


La Casa Histórica de la Independencia

La casa histórica de Tucumán se construyó en 1760. Pertenecía a una importante familia local, la de Francisca Bazán, esposa de Miguel Laguna. Era una casa con varias habitaciones, patios que las conectaban y su único ornamento eran unas columnas salomónicas ubicadas a los costados de la puerta principal.


Después de ser sede del Congreso donde se declaró la Independencia, fue alquilada para la imprenta del ejército, el servicio de Telégrafo y el Juzgado Federal. En 1869, el fotógrafo Ángel Paganelli, que visitaba la ciudad de San Miguel de Tucumán, registró el deterioro del edificio a solicitud de un grupo de vecinos para llamar la atención de las autoridades en pos de la conservación.


En 1904, el gobierno la restauró pero debido a su pésimo estado tuvo que demoler gran parte de la vieja casa. La única parte que fue salvada fue el Salón de la Jura de la Independencia. La reconstrucción intentó ajustarse al máximo en cada detalle del edificio original utilizando, incluso, los mismos tipos de ladrillos, tejas y baldosas.


En 1941 fue declarada monumento histórico. Actualmente funciona como museo y es centro tradicional de los festejos por la Declaración de la Independencia.


Allí cada día 9, el Liceo Militar “General Aráoz de Lamadrid” realiza el relevo de guardia en el Museo de la Casa Histórica de la Independencia.

Con la intención de resaltar las tradiciones de nuestro pasado, los soldados del Liceo Militar, con el uniforme del Regimiento de Infantería de Montaña 10 y acompañados por la Banda Militar “Sargento Primero Pedro Bustamante” del Instituto, realizan esta ceremonia.



De esta forma, el Ejército Argentino junto al pueblo tucumano recuerdan el pasado y mantienen la honesta tarea de custodiar la histórica vivienda donde se juró y se proclamó nuestra Independencia aquel 9 de julio de 1816.


La Proclama de la Independencia

Mientras preparaba en Cuyo al Ejército que cruzaría Los Andes, San Martín se mostraba impaciente para que el Congreso reunido en Tucumán proclamara la Independencia. En una de las cartas que mantiene con uno de los congresales, el representante de Cuyo, Tomás Godoy Cruz, escribía: "¿Hasta cuándo esperamos para declarar la Independencia? ¿No le parece a usted una cosa bien ridícula acuñar moneda, tener el pabellón y cucarda nacional, y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos?". Y concluía: "Veamos claro, mi amigo, si no se hace, el Congreso es nulo en todas sus partes, porque reasumiendo este la Soberanía, es una usurpación que se hace al que se cree verdadero, es decir a Fernandito".


El contexto era sumamente complejo, los realistas habían recuperado amplios territorios en América, entre ellos, Chile y buena parte del Alto Perú, lo que constituía toda una amenaza para las Provincias Unidas. En Europa, se asistía a la restauración de las monarquías; en la Banda Oriental, podía constatarse el avance portugués; y en el plano interno, las relaciones entre el gobierno central y el litoral estaban quebradas. Asimismo, las relaciones entre Buenos Aires y provincias que participaban del Congreso no estaban exentas de tensiones.


Finalmente, el acta de la Independencia se firmó el 9 de julio de 1816, donde prevaleció una postura que representaba el mandato de la mayoría de las provincias: investir a las Provincias Unidas del "alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli". Quedaba expresamente rechazada toda fórmula intermedia que habilitara algún tipo de protectorado. Se trató, pues, de una manifestación clara, acorde con el pedido de San Martín, de declarar la Independencia absoluta de las Provincias Unidas respecto a la corona española y "de toda otra dominación extranjera", según la fórmula agregada a la proclama días después en las siguientes sesiones del Congreso.


La proclama se publicó en español. También en quechua y aymará con el fin de incorporar al proceso a los pueblos originarios.


Los Diputados

Los 29 diputados del Congreso de Tucumán que suscribieron el acta de Independencia declarada por el Congreso de las Provincias Unidas en Sud América fueron:


• Presidente: Francisco Narciso de Laprida, diputado por San Juan.

• Vicepresidente: Mariano Boedo, diputado por Salta.

• Secretarios: José Mariano Serrano, diputado por Charcas y Juan José Paso, diputado por Buenos Aires

• Diputados:

- Por Buenos Aires: Dr. Antonio Sáenz, Dr. José Darragueira, Fray Cayetano José Rodríguez, Dr. Pedro Medrano, Dr. Esteban Agustín Gascón y Dr. Tomás Manuel de Anchorena.

- Por Catamarca: Dr. Manuel Antonio Acevedo y Dr. José Eusebio Colombres.

- Por Córdoba: Eduardo Pérez Bulnes, José Antonio Cabrera y Lic. Jerónimo Salguero de Cabrera y Cabrera.

- Por Jujuy: Dr. Teodoro Sánchez de Bustamante.

- Por La Rioja: Dr. Pedro Ignacio de Castro Barros.

- Por Mendoza: Tomás Godoy Cruz y Dr. Juan Agustín Maza.

- Por Salta: Dr. José Ignacio de Gorriti.

- Por San Juan: Fray Justo Santa María de Oro.

- Por Santiago del Estero: Pedro Francisco de Uriarte y Pedro León Gallo.

- Por Tucumán: Dr. Pedro Miguel Aráoz y Dr. José Ignacio Thames.

- Por Mizque: Pedro Ignacio Rivera.

- Por Charcas: Dr. Mariano Sánchez de Loria y Dr. José Severo Malabia.

- Por Chichas (incluyendo a Tarija): Dr. José Andrés Pacheco de Melo



 
En esa sesión no estuvieron presentes cinco diputados: el coronel José Moldes (Salta), que se encontraba detenido; el coronel Juan José Feliciano Fernández Campero (Chichas), que estaba al mando de tropas en el frente de combate; el presbítero Miguel Calixto del Corro (Córdoba), que estaba realizando una misión diplomática ante José Artigas; el médico Pedro Buenaventura Carrasco (Cochabamba), que estaba en servicio en el Ejército del Norte y el diputado Juan Martín de Pueyrredón (San Luis), que había viajado a Buenos Aires para asumir el cargo de Director Supremo.




Curiosidades de la Buenos Aires del 25 de Mayo de 1810

Un Cabildo que no es el actual, una Plaza de Mayo que no se llamaba así y una población que apenas era la mitad de los que hoy entran en la cancha de River, constituyen algunas de las peculiaridades de una época clave de nuestra historia.

Este 25 de Mayo celebramos un nuevo aniversario de la conformación del primer gobierno patrio, luego de intensos cónclaves en el Cabildo de Buenos Aires (que no es el actual), seguidos por los vecinos desde la Plaza de Mayo (que no se llamaba así).

En rigor, la que luego fue designada capital del país, era muy diferente 213 años atrás. Seguidamente se enumeran diez curiosidades de aquella urbe colonial en la que empezó a gestarse nuestra independencia.

1. Una población que hoy es un barrio
La Ciudad de Santísima Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre (tal su designación en la época colonial) contaba en ese entonces con apenas 40.000 habitantes, el equivalente actual al barrio de Monserrat (que abarca desde el bajo hasta la avenida Entre Ríos, y desde Independencia hasta Rivadavia). Hoy Buenos Aires tiene 48 barrios. Y el estadio de River, con capacidad para 83.000 espectadores, podría albergar dos veces a aquella población.

2. Había alumbrado público
La ciudad estaba iluminada, pero con velas de cebo, dentro de faroles de vidrio. Y sólo en las calles principales. Es por eso que en las casas abundaban los candeleros (para una sola vela) o los candelabros (para varias). En rigor, el primer suministro público de electricidad, destinado al alumbrado público de Buenos Aires, se llevó a cabo en 1887, bajo la intendencia de Torcuato de Alvear.

3. Una grieta en la Plaza de Mayo
En rigor, una recova, que dividía a la plaza en dos. Aprobada por el virrey Del Pino en 1801, se construyó una recova de 11 arcos, con estilo entre barroco y renacentista. Su función era albergar la venta de carne, fruta y verdura. Después, con el bloqueo anglo francés, pasaría a ser albergue. O sea: se podía dormir en medio de la Plaza de Mayo. Del lado hacia la actual Casa Rosada, se llama Plaza del Fuerte, y del lado hacia el Cabildo, Plaza de Victoria (nombre que adoptó en 1807, tras la segunda invasión inglesa, en reemplazo de Plaza Mayor). Este emplazamiento se derrumbó en 1884, se fusionaron ambas plazas, lo que supuso la finalización de la imagen de la ciudad colonial.

4. Los más patricios, en el centro
Las familias más “destacadas” eran las que vivían más próximas a la plaza. Una de esas casas se conocía como Los Altos de Escalada. Claro, allí vivía Remedios, la futura esposa de José de San Martín, quien en 1810 tenía 13 años. Al teniente coronel lo iba a conocer en 1812, en una tertulia en su propia casa, o en la de Mariquita Sánchez de Thompson (no hay acuerdo sobre dónde fue). La Catedral estaba en construcción, y el Cabildo no es el que vemos hoy, ya que fue reconstruido en 1940, con 3 arcos menos por lado (para darle lugar a las avenidas Julio A. Roca y De Mayo).

5. La Plaza, un lugar multiusos
La Plaza de la Victoria era un espacio realmente multiusos. Se llevaban a cabo ceremonias religiosas y oficiales, estaba el mercado, estacionamiento de carretas, corridas de toros, y hasta ejecuciones públicas o cepos de castigo. Atención: los martes se jugaba a la lotería. Los pibes hacían otro uso del espacio público: competían a la payana, a la escondida, al gallito ciego y a la escondida. Para los que no recuerdan: en la payana los participantes deben hacer diferentes combinaciones con cinco piedritas que lanzan al aire y deben recoger mientras caen, agarrando al mismo tiempo otras que están en el suelo. Una competencia que se recuerda en los colegios de hasta fines del siglo XX.

6. Aún había esclavos
Todavía se traían esclavos desde Africa al puerto de Buenos Aires para ser vendidos a las familias adineradas. Hacían todo tipo de tareas, pero tenían los domingos libres. En ese momento se divertían en los llamados “bailes de negros”, donde danzaban al ritmo de tambores. Esta combinación de música y baile dio origen al candombe (“kimbundú”), muy popular en Uruguay. La Asamblea del Año XIII dictó la libertad de vientres en 1813, y la Constitución de 1853 dio por abolida completamente la esclavitud, en su artículo 15.

7. Había que estar atentos al aguatero
No había agua corriente y pocas casas tenían aljibe, por lo que la figura del aguatero era muy conocida en la ciudad. Traía agua del río, en un gran barril que transportaba en una carreta, con la que iba casa por casa. Por lo mismo, la ropa se lavaba en las orillas del río, a cargo de las lavanderas. Claramente no había heladeras, por lo que era común que las casas tuvieran sótanos, para conservar algunos alimentos. Como en la antigüedad, a las carnes se les ponía sal, para evitar que se pudran.

8. Una clara pirámide social
Se registraba una clara pirámide social. Primero, claro, estaban los españoles, que detentaban los altos cargos públicos: virreyes, gobernadores, presidentes de audiencias, obispos y curas de lugares importantes. Luego, los criollos (nacidos en América pero de origen español), que eran los hacendados con acceso a cargos en el Cabildo. Incluso podían estar al frente de parroquias. Más abajo, los mestizos, mulatos y zambos, que ejercían de peones, artesanos y carpinteros. A continuación, los indios, que trabajaban en minas o haciendas, y eran encomendados a españoles o criollos. Finalmente, los negros, hasta ese momento esclavos, obligados a trabajar en las casas, en minas o plantaciones.

9. La movida estaba en las tertulias
Estas eran las reuniones en las casas de familia, que convocaban exclusivamente a españoles y criollos. Se tocaba el piano y la guitarra. Se bailaba el minué, un baile de pareja originario de Francia, con saludos y posturas galantes. Se hablaba de política, se jugaba a la cartas y fundamentalmente se buscaba pareja. San Martín tenía fama en esas reuniones de ser buen cantante y rebuscárselas con la guitarra, dos ítems que sumaban mucho.

10. A falta de WhatsApp, buenos son los chasquis
Así se les decía a los hombres a caballo, dedicados a llevar cartas de un domicilio al otro, o incluso entre ciudades. De todos modos, en esa época eran pocas las personas que sabían leer y escribir, y eran casi exclusivamente hombres, con lo cual una declaración amorosa (hombre-mujer) se vería sumamente dificultada.